La tele no tiene que educar a tus hijos

niñotele

Últimamente estamos asistiendo a un fenómeno que me tiene preocupado, y es la proliferación de protestas en contra de los contenidos “adultos” en el llamado horario de “protección infantil” en la televisión.

Tengo la sensación de que se está llevando esto un poco al extremo. Los contenidos que antes parecían aptos para los niños, ahora se ven como una absoluta depravación. Cada vez las protestas sobre los contenidos televisivos, especialmente sexuales y violentos, son más restrictivas, y parece que los niños de hoy día sean muy tontos o muy inocentes y haya que criarlos en una burbuja. Yo crecí viendo ‘Bola de Dragón’  y ‘Los caballeros del Zodíaco’ y recuerdo haber visto a las mamachicho y no estoy traumatizado.

No podemos, con el pretexto de la protección de los menores, relegar toda la programación “adulta” a las franjas nocturnas. Entendamos “adulta” no simplemente como películas pornográficas o violentas, sino todo aquello destinado a los adultos, como los informativos que retraten escenas de guerra, etc. Muchos de estos programas no resultarían competitivos para la franja de prime time, entonces ¿deberían existir sólo en el late night?

Evidentemente no. No podemos pretender que toda la programación del day time sea totalmente blanca y libre de contenido adulto, porque sino esos mismos adultos no encontrarían aliciente en la oferta televisual.

En el último programa de ‘RTVE Responde’, un espectador se quejaba de la inclusión de imágenes de sexo y violentas o sangrientas en el telediario, y Lorenzo Milá, bastante acertadamente, le recordaba que los telediarios son programas informativos realizados para adultos, no para que los vean los niños. Y me parece muy importante tener esto en cuenta. No todo programa del day time tiene que ser apto para que lo vean los niños.

Se está exigiendo a las televisiones que realicen unos contenidos mucho más light, que puedan ver los niños, para que los padres puedan eludir la tarea de estar pendientes de qué ven sus hijos. Y curiosamente, esa programación descafeinada es la que no demanda la audiencia.

Y todo se complica más aun cuando pensamos en los hijos de quién nos referimos. Quiero decir que la educación es algo muy personal, y lo que unos padres verán como contenidos normales, a otros les resultarán altamente perniciosos. ¿Entonces debemos restringir al máximo? Pues no, son esos padres los que deben estar al tanto de los contenidos que les parezcan oportunos que vean sus hijos.

Deberían desarrollarse aparatos que se encarguen de censurar los contenidos adultos, como hacen los programas nannys para la navegación por internet, pero hasta entonces, es obligación de los padres, y no de las televisiones, vigilar qué quieren que sus hijos vean y qué no.