Los DuBois, la familia más real de la televisión

En las series de televisión es normal que la familia sea un eje de acción mediante el que están ligados los personajes, y encontramos familias de todo tipo en la pequeña pantalla. Desde sagas de cómo la de los elitistas Walker de ‘Cinco hermanos’ a otras más mundanas como los Braverman de ‘Parenthood’, pasando por las poderosas como los Darling de ‘Dirty Sexy Money’ a otras más divertidas como las de ‘Modern Family’ o los geniales Heck de ‘The Middle’ (the miiiiiidle).

Pero si hay una serie que realiza un perfecto retrato familiar, cercano y certero, esa es ‘Medium’. Y resulta raro a priori que una serie cuyo principal reclamo es un componente sobrenatural, contrarreste eso precisamente con un tono muy natural, muy de día a día, de personajes creíbles.

Los casos de ‘Medium’ tienen esa licencia de fantasía de creernos que Allison tiene sueños en los que ve cosas, pasadas, futuras o percepciones que le ayudan a resolver los casos, pero más allá de esa licencia, la serie está contada bajo un prisma totalmente realista. Son casos interesantes, que tocan diversos temas muy bien escogidos, y que saben bien cuando relajar el tono o cuando aportar más misterio, e incluso a veces, cierta oscuridad.

Pero cuando Allison vuelve a casa, tenemos otra historia. La serie nos introduce de lleno en la cotidianeidad de un ambiente familiar confortable y muy realista, con esas cálidas escenas de desayuno en pijama en la que las niñas no paran de dar guerra mientras Allison y Joe hacen lo posible porque todo funcione. Asistimos a unas relaciones entre los miembros de la familia muy creíbles todas. Bien es cierto que al principio no me encajaba bien la relación Allison-Joe, porque no se entendía cómo alguien siendo tan escéptico como él se casase con Allison, era su papel de contrapunto, sí, pero quedaba algo poco creíble. Pero con el tiempo esto fue mejorado y ya, por donde voy yo que es la tercera temporada, está superado. Vemos las charlas de pareja sobre cómo educar a sus hijas y a la preocupación de ver lo rápido que crecen, pero también a la comprensión entre uno y otro a la hora de abordar problemas y al apoyo moral. Y no faltan claro, las peleas, los piques, los problemas de convivencia y un tratamiento muy natural de su vida sexual como pareja. Sigue leyendo